Lucas, otro de los hermanitos que encontramos abandonados en una caja, encontró la felicidad al ser adoptado por una familia amorosa. Ahora, disfruta de días llenos de juegos y cariño en su nuevo hogar, dejando atrás la soledad de las calles. Su cola no deja de moverse, reflejando la alegría que ha hallado en el cálido abrazo de su nueva familia adoptiva. Gracias Miriam y familia por tenerlo en acogida y cuidarlo tan bien.